Me uno al reclamo de los trabajadores de Editorial Perfil. Por los grandes amigos que quedan y por el salario digno que todos los periodistas nos merecemos.
Estimados colegas, lectores y opinión pública en general: Nos dirigimos a ustedes para comunicarles acerca de la situación interna que vive la redacción de Diario PERFIL, debido a un conflicto salarial que ha derivado en un conflicto de libertad de expresión.
Los redactores de PERFIL continúan realizando sus tareas y escribiendo sus notas, pero para manifestar su disconformidad con la propuesta salarial de la empresa han decidido levantar las firmas de sus artículos y entrevistas. Sin embargo, las autoridades de la editorial se niegan a reconocer ese derecho y han impuesto que todas las notas de sus redactores sean firmadas por terceros, seudónimos o con los nombres de otros integrantes de la redacción, violando así el derecho de los verdaderos autores de los artículos.
El retiro de las firmas es una medida de protesta, ligada estrechamente con la libertad de expresión, implementada por periodistas en varios diarios argentinos y del mundo. En revista Noticias, Perfil.com y revistas Semanario y Luz, publicaciones de la misma editorial, donde estas semanas también se implementó la medida en el contexto del conflicto salarial, se respetó la decisión de los redactores y sus notas fueron publicadas sin firmas.
La Asamblea –que ya comenzó a reunirse diariamente a la espera de una respuesta de la empresa–, integrada por la totalidad de los redactores de Diario PERFIL y por trabajadores de las redacciones de las revistas, fotografía y otras áreas de la editorial, ha decidido informarles de la situación y solicitar su apoyo público a la medida y su repudio, también público, a la decisión editorial de apropiarse de las investigaciones, entrevistas y artículos de los periodistas, que siempre han cumplido con su trabajo y las exigencias periodísticas de la Editorial.
Esta semana, muchos de los columnistas especiales de Diario PERFIL han decidido que si el conflicto salarial no se soluciona antes del fin de semana próximo levantarán las firmas de sus artículos y entrevistas, también en solidaridad con la medida de los redactores. Esta carta lleva al final el comunicado de la Asamblea difundido la semana pasada, donde se explica a qué se debe el conflicto salarial y nuestro reclamo.
Sin otro particular, los saluda atentamente,
Asamblea de Trabajadores de Editorial Perfil.
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Comunicado RECHAZAMOS LA PROPUESTA SALARIAL Y REFORZAMOS LAS MEDIDAS IMPLEMENTADAS
La Asamblea de Trabajadores de Editorial Perfil ha resuelto rechazar la propuesta salarial empresaria. La misma consiste en un aumento en cuatro tramos del 5% cada uno, a cobrarse en mayo, julio, septiembre y noviembre del corriente año, y otro 5% a cobrar en febrero de 2012.
La propuesta empresaria no sólo desconoce el reclamo votado por los trabajadores (35% de aumento inmediato para todas las categorías), también omite que desde el 1º de marzo se encuentra vencida nuestra paritaria anterior, dejándonos durante 60 días sin aumento alguno. Debido a esto y al hecho de que las cuotas no son acumulativas, la propuesta empresaria anualizada apenas supera el 17%. Nuestro reclamo de un 35% de aumento parte de la necesidad de defender nuestros ingresos evitando que sean licuados por la inflación.
Nuestra propuesta se basa también en la evidencia de que Editorial Perfil se encuentra en una etapa de expansión, con la salida de un nuevo diario y la multiplicación de sus negocios internacionales. Los trabajadores de Editorial Perfil hemos resuelto continuar con las medidas de lucha resueltas en asamblea y reforzarlas a partir del jueves 30 con: el retiro de firmas de las notas realizadas en las distintas redacciones y asambleas diarias exigiendo una respuesta en 48 horas.
En ese sentido, reivindicamos nuestro derecho como trabajadores de quitar las firmas, y exigimos que esa medida no sea violentada o alterada por mecanismos empresariales que vulneren el sentido de nuestras decisiones, violando las libertades de expresión y de conciencia expresadas en el Estatuto del Periodista.
Asamblea de Trabajadores de Editorial Perfil
Comisión Gremial Interna
Raúl Mileo 153-587-1041
Marcelo Iglesias 155-410-3271
Rubén Schofrin 155-981-1006
6.4.11
Conflicto Salarial en Perfil
11.3.11
Dolor por la muerte de David Viñas
Fueron cuatro o cinco clases, allá por agosto de 2003 o 2004, cuando se abrió la cátedra de Problemas de Literatura Latinoamericana y él era el titular. David Viñas era una de esos intelectuales que a cierta altura de la vida su formación académica se mezcla con su ser humano, y la experiencia, los golpes y las ideas devienen un conocimiento que trasciende el mero hecho bibliográfico. Hablaba de libros, pero también hablaba de su experiencia de vida, de la Facultad pública que tanto defendía, de mantenerse fiel a sí mismo y de la importancia del pensamiento crítico, eso era para él el privilegio que nosotros teníamos como estudiantes de Letras, el pensamiento crítico. Después enfermó y ya no pudo venir a darnos clases durante dos horas ni una vez por semana. Además de la enseñanza de sus libros, del placer de leerlo, se convirtió en un símbolo de resistencia, al dolor, al paso del tiempo, a las injusticias, al silencio. Resistencia cultural, política y estética. Tal vez su enseñanza más grande fue transmitir que resistir es mantener siempre el espíritu y el pensamiento crítico.
23.2.11
Buscando a Luciano Arruga
Luciano dejará de estar con nosotros el día que dejemos de exigir justicia.
25.1.11
El verbo era presente
No sabemos cómo fue pero pasó. Estábamos jugando al chinchón encerrados cerca de la cama con sábanas de colores secos, mamá, papá, quedaban afuera para dejarnos construir un mundo diferenciado, un mundo otro, que pretendió ser hermoso y terminó siendo un paréntesis abierto, uno sólo, sin cierre ni avance estructural. Una noche, esa noche, en la cena, papá, que leía y releía siempre cada línea aérea de los diarios, que vivía y vive frente al noticiero como si tuviera ritmo de imán, nos dice que mataron a un fotógrafo en Pinamar. No habíamos escuchado de Cabezas, sabíamos de Noticias, el papá de mi amiga Déborah tenía en su casa toda la colección, de la primera a la última, daba miedo la desobediencia. Un golpe conformador, una aridez de la acción cotidiana. Nos quedamos en la mesa discutiendo un poco, poco, porque el silencio era amo y señor del aire que tan rápido como se fue empezó a perder su rumbo, a mezclar los sentidos conducidos a propósito, indefinidos, en un solo lugar.
El canto se volvió único, monotonía de la época, Cabezas presente era el verbo en singular, presente simple, robo del presente continuo, deseo de futuro perfecto de un pasado imposible. Habíamos perdido la resolución, porque los actores se hacían luces grises en altura superficial. Un gobernador en clave vertical, una fuerza policía atascada de odio y sífilis, esperando la crucifixión, un empresario masticando el poder hasta quedarse sin boca, sin sed, sin determinar. Un periodista y un fotógrafo en símbolo de héroe porque ya no se sabía qué hacer. Dejamos el dolor, la entraña de lo hondo que no puede y no entiende, multiplicado, creciendo en una dimensión de ausencia ahogado de respuestas. Y las palabras durmiendo en la costa, despertando un cúmulo de extractos carnales de corte y hueso, nada, porque no había discurso posible capaz de solidificar la arena que ya estaba quebrada, ese enero, en la playa de nombres y descarnización.
Todo el periodismo se cubrió con Cabezas, cada volanta era un crimen, cada bajada la farsa vestida de posibilidad, cada título la catarsis que desde las redacciones ensayaban para fracasar sin piedad contra un muro vacío de intenciones. El poder y la impunidad, la época sustanciada en esa imagen de televisión inconclusa porque las frases explicaban lo que todos creíamos y se decía sólo desde el perfil bajo que construyó con la muerte el imperio del final, el entierro adelantado. El periodismo se había quedado muerto en Pinamar, esa noche de viento y complicidad.
Hay casos policiales que se vuelven políticos y se vuelven sociales y se vuelven todo, esos de los que no podés dejar de hablar en tu casa, en la panadería, con el compañero de banco casual de la facultad, con tu tío al que nunca le hablás, con tu amigos que piensan parecido y te podés relajar. Hay casos que son como una nube de polvo estancada en la garganta, un rayón negro con manchones en la hoja. Cuando mataron a Cabezas había pocas computadoras, era un lujo, un privilegio, un signo de pertenencia. No estábamos comunicados, hablábamos en persona, lo que pensábamos sobre su muerte lo pensábamos en la oralidad, lo primero que salía expulsado, no se podía borrar, ni guardar ni mandar por escrito a ninguna casilla de almacén de datos y estereotipos, el relato era oral y era directo y era ya. Era otro el entramado social, pero el impacto fue idéntico, pegando en cada esquina, repitiendo la escena final, de rodillas ante sus asesinos, el auto carbonizado en tridimensión de cadena nacional.
No hubo nunca más una forma de decir por qué murió, por mostrar una imagen negada, por salir a buscar y traerte caminando en la playa, estampado en la tapa de la revista de leyes, de estatuto esclavizado a la cuenta. No hubo nunca más un sintagma de verdad en las fojas cero de la investigación hostil, jueces que no ideaban causas ni consecuencias, policías que no decían ni qué día nacieron, compañeros que lloraban, lágrimas apretadas prendidas fuego en el mismo auto que trasladó y se quemó con su cuerpo. No hubo nunca más una oración reproducida, acá, allá, en los asientos de los taxis, en las vidrieras de las casas de moda, en la voz suprimida de expresiones de la medianoche, una cinta negra y no se olviden.
Cabezas pasó, ya no se habla en presente, tal vez una sola vez por año, cada 25 de enero de condenas perdonadas. Todos se olvidaron, el nudo de las cintas se perdió debajo del mar. Lo único que queda es su mirada en ensayo absurdo de gigantografía estampada en el edificio de Perfil, cada semana, de entrada y salida, siguiendo los pasos de periodistas, fotógrafos que borraron su firma y pasan por los molinetes sólo para sobrevivir. No queda ni presente en sus ojos, ni falsa paranoia, ni siquiera, una épica para poder contar cómo siguió la historia.
19.1.11
La voz eterna de Janis Joplin
En el universo de la música hay voces, ciertos artistas que se destacan por el sonido que irradian a través de sus gargantas desde un lugar que no parece ser de este mundo. Janis Joplin era y siempre será una de esas voces capaces de convertir en única cualquier canción común. En su voz hay un desgarro melancólico, a veces suave, otras avasallante hasta parecerse a un grito, pero siempre lleno de puro sentimiento, como si estuviera dejando la vida en cada melodía. Su voz irrepetible estaba acompañada de su figura exaltada, llamativa, como un símbolo rebelde e inconformista. Cantar era su modo de resistir y el único espacio posible capaz de satisfacerla. Apenas un puñado de discos grabó antes de morir con tempranos 27 años, sumergida en la heroína y el alcohol. Hoy sería su cumpleaños 68 y su legado permanece, despertando la fascinación de las nuevas generaciones. “Hay que llorar hasta romperse, para crear o decir una pequeña canción, gritar tanto para cubrir los agujeros de la ausencia”, dice la poesía Para Janis, que le dedicó Alejandra Pizarnik, otra artista que se fue porque no era de este mundo. Eso hacía Janis Joplin con su música, eso sigue haciendo, cubrir los agujeros de la ausencia.
2.1.11
Dormir en casas de familia en Cuba
Cuba no es sólo su arquitectura impregnada de tradición española y belleza caribeña, no es sólo cultura africana e impronta indígena, no es nada más que tanta historia revolucionaria viva en cada esquina, no es sólo ritmo y alegría, Cuba es también, y tal vez sobre todo, un pueblo abierto y entrañable. Y no hay mejor forma de conocer a ese pueblo que viviendo en casas particulares, porque la vida real de Cuba está entre la calidez y generosidad de su gente.
Luego de tener el primer contacto con La Habana, en un recorrido en taxi desde el Aeropuerto José Martí hasta el barrio el Vedado, llegué a la casa de Hortensia en la calle 25, entre H e I, que había contactado por Internet. Antes de la Revolución, las familias de mayor poder adquisitivo residían en esta zona de caserones coloniales, que a pesar del deterioro mantienen algo de aquella opulencia burguesa.
Alquilar habitaciones en la capital del país cuesta alrededor de 30 cuc y el desayuno suele cobrarse cerca de 3. Algunas casas también ofrecen cena. Además de las charlas interminables con sus habitantes sobre todo lo que pasa en la isla, quedarse en casas de familias tiene la ventaja de poder probar una comida exquisita y casera. Los desayunos son abundantes y deliciosos, consisten en tostadas con manteca, huevos revueltos, jugos naturales y la mejor fruta de la isla.
Al terminar el viaje, el visitante se queda con la certeza de haber conocido un lugar único en el mundo, donde la vida avanza a otro ritmo y el olor del mar se refleja en las calles fuera del tiempo.
12.12.10
La vergüenza nacional
La tragedia social que explotó los últimos días en Soldati tiene varias causas y consecuencias. Se habló mucho de la incapacidad atroz e incalificable del jefe de Gobierno, de su mezcla de idiotez e inmoralidad que quedó al descubierto con su ruin accionar y sus repudiables palabras discriminatorias. Se habló de los problemas habitacionales, y de la falta de viviendas dignas para un sector de la población que vive excluido hace décadas. Se habló también de la tardanza en reaccionar del Gobierno Nacional, que esperó para actuar cuando su intervención tenía que haber sido inmediata. De lo que no se habló tanto, salvo en algunos medios como Página 12 -siempre Página 12-, es de un hecho muy preocupante que viene generando muerte tras muerte e injusticia tras injusticia, que es el accionar de la Policía Federal. Muchos al ver a la Federal pegándoles a los pobres, y probablemente matándolos, no dudaron en responsabilizar al Gobierno Nacional, como si Cristina hubiera dado la orden de reprimir a quienes estaban ocupando los predios, desesperados ante la falta de respuestas del macrismo. La Policía Federal hace lo que quiere, y lo que quiere suele ser salir a matar pobres. No necesita la orden del Gobierno para hacerlo. Cristina parece haberlo entendido, por eso creó el Ministerio de Seguridad, lo tremendo es ¿no había visto antes su accionar asesino? El año pasado, Rubén Carballo fue asesinado por la Federal, por el crimen de haber ido a ver un recital. ¿Alguien puede creer honestamente que el Gobierno Nacional mandó a reprimir a los fans de Viejas Locas? Dos columnistas hoy en Página dicen que la policía se autogobierna. Sólo hace falta ver el documental de Enrique Piñeyro El Rati Horror Show para entender cómo se maneja la Policía Federal. ¿Tenían que pasar siete años y varias muertes para que el Gobierno empiece a tomar el control total y a humanizar a las fuerzas de seguridad? Más vale tarde.
19.11.10
No hay más finales felices
Porque las mejores películas nunca nunca tienen finales felices.
Como nuestra por siempre amada Happy Together, del gran Wang Kar-Wai. Pura tristeza y pura belleza en la canción que reversiona al clásico de The Turtles. "Imagine me & you..."
18.11.10
Ezequiel Ferreyra, un niño que murió víctima del trabajo esclavo
Ezequiel Ferreyra, un niño de 4 años que era víctima del trabajo esclavo, murió de cáncer debido a la manipulación de pesticidas.
¿Y todo va a seguir como si nada?
Más información: http://laalameda.wordpress.com/2010/11/17/dolor-murio-ezequiel-ferreyra-el-nino-esclavo/
16.11.10
Empieza el juicio contra la UTPBA
Esto lo escribió mi ex compañero Tomás Eliaschev, un día antes de que empiece el juicio contra la Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires (UTPBA) por haberlo agredido hace tres años. ¡El apoyo total a Tomás y que se haga Justicia!
Este miércoles 17 de noviembre a las 9 comienza el juicio contra Gustavo Vargas, uno de los dos patoteros de la Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires (UTPBA), que me atacó por pedirles que nos acompañen en la lucha contra un despido. Desde entonces, me he preguntado una y mil veces como pudo pasarme una cosa así. Fui a pedirles que nos ayuden a evitar un despido y terminaron rompiéndome la cabeza entre dos matones, así de la nada, sin que mediase ni siquiera un “andate porque te vamos a cagar a trompadas”. Ni siquiera pude cubrirme la cabeza y ni atine a devolver una piña. No lo cuento con orgullo. Pero fue tan repentina y brutal la andanada de piñas y patadas que me dieron que apenas pude salir del local del sindicato cuando me abrieron la puerta y terminé en la vereda. La violencia contra trabajadores sólo se explica cuando un sindicato ya no los representa, o sea que es un sindicato de empresarios. Y eso es lo que pasa con la UTPBA , más allá de sus discursos. De Clarín a Crítica, han dejado un tendal de traiciones: esto lo sabe cualquiera que haya estado en las luchas de prensa de los últimos años. Directamente repudian a los trabajadores de prensa o por lo menos a los que intentamos participar en nuestros lugares de laburo en todos los reclamos colectivos para tener una vida más digna. Rememorar los hechos puede ayudar a entender de qué estamos hablando. De antemano, pido perdón por la extensión, pero siento la necesidad de ser puntilloso en el relato.
En marzo del 2007, en la editorial Perfil, cuyo edificio está ubicado en la calle Chacabuco entre Moreno y Alsina, una importante cantidad de trabajadores de prensa protagonizamos un reclamo salarial que duró un mes y medio, con paro y asambleas cotidianas. En ese entonces, me desempeñaba como redactor del sitio Perfil.com. Durante la huelga, fuimos uno de los sectores que más se plegaba a las medidas, inclusive elaborando posturas colectivas y coordinando con el departamento de arte. Los jefes no se habían sumado. Pero uno de ellos, Alejandro Wall, que estaba de licencia por el nacimiento de su hijo Camilo, decidió adherirse al paro ni bien se reincorporó a la rutina laboral. En una emotiva asamblea, evocó a la ya fallecida delegada despedida de Clarín, Ana Alé, quien siendo jefa participaba activamente de las medidas gremiales. A mano alzada, votamos tomar las instalaciones si había alguna sanción contra Wall. A principio de abril, ni bien terminó el paro y conseguimos una recomposición salarial, la empresa quiso deshacerse de él. Rápidamente volvimos al paro, el ministerio de Trabajo convocó a una audiencia y dictó un laudo protegiendo a nuestro compañero de cualquier represalia por motivos gremiales.
Durante el conflicto, desde la UTPBA habían tenido una tímida presencia, a través de la personas del entonces secretario gremial Jorge Muracciole, que hablaba en las asambleas, acompañaba las gestiones ministeriales permitiendo la legalidad de las negociaciones y no más que eso. El sindicato no aportaba demasiado más apoyo que el de la presencia de uno de sus dirigentes. Con Muracciole, en dos oportunidades, un puñado de los más jóvenes que estábamos participando activamente del reclamo nos reunimos en un aula de primer piso de la sede que el sindicato tenía a la vuelta de Perfil, sobre la calle Alsina 779. Fue para hacer un boletín, “Nuestro Perfil”, en el que se difundió nuestras reivindicaciones y el conflicto de La Nación. En otra ocasión, junto con Muracciole y dos compañeros de Perfil salimos por la noche a pegar unos carteles por las inmediaciones de la editorial. Es cierto que eran pequeños, pero los imprimió el sindicato. Ese fue su pequeño (testimonial) aporte al gran movimiento que hicimos y que incluyó aplausos, batucadas, carteles, marchas, actividades con delegados de otros medios, y todo el ruido que se pudo hacer para que paguen salarios justos. Y siempre con un gran ejercicio de la democracia en nuestro propio lugar de trabajo, en forma pacífica y respetuosa a los compañeros que no se adherían a las medidas de lucha, ya sea por temor a los despidos o por no compartir la metodología del reclamo.
Pasaron los meses. Y el sindicato se acercó a sus elecciones. Uno de nuestros delegados, Rubén Schofrin, militante de la Lista Naranja y del Partido Obrero, se postuló como secretario general por un frente de oposición. La dirección – la Celeste y Blanca – proscribió a la lista y el diferendo se trasladó a la cartera laboral, donde finalmente se aceptó el planteo de la oposición y no el intento fraudulento de la conducción.
El martes 11 de septiembre, la empresa decide despedir a Wall. Nosotros estábamos en el turno mañana. Entrábamos a las 7. Ese día, cuando llegó a trabajar, el personal de seguridad le dijo que estaba despedido y no lo dejó atravesar los molinetes. A la hora, los cuatro redactores que estábamos nos declaramos en asamblea y llamamos a los delegados. Al mediodía se hizo asamblea. Pero ya no éramos tantos con antes. De los ciento y pico que éramos en las asambleas de marzo, muchos se habían ido de la empresa, otros fueron promovidos a jefes y a otros les hicieron promesas con tal de que no vayan a las asambleas. De todas maneras, con los 50 que éramos, se decretó el paro y se dio aviso al ministerio. Como el nombre de Wall estaba en el laudo de abril, se consiguió una audiencia para el día siguiente, el miércoles 12. Como estaba la cuestión electoral, el otro delegado de Perfil, Marcelo Iglesias, fue quien llamó a Muracciole. No tuvo éxito. También llamó al sindicato para que lo avisen si lo veían. Sin embargo, no hubo caso, el secretario gremial estaba inhallable. La audiencia no se pudo realizar ante la ausencia de la UTPBA.
Desesperado, Wall habla con un conocido suyo vinculado al sindicato, que le dice que está quedando preso del conflicto entre la Celeste y Blanca y la Naranja , que vaya a hablar a la sede de Alsina y les pida ayuda. Eso fue a eso de las 19 o 20 horas. Acompañé a Wall al sindicato, con la misión de contenerlo. Ahí nos atendió un muchacho que dijo llamarse Gustavo. Ante nuestro reclamo de que nos ayuden, nos preguntó si éramos del Partido Obrero, si estábamos afiliados y por qué pensábamos que la UTPBA iba a ayudar a los trabajadores de Perfil. Le dijimos que no, que no éramos del PO. Qué queríamos afiliarnos y participar pero no habíamos tenido oportunidad. Y que creíamos que el sindicato debía defender a los trabajadores. No hubo caso, nos retiramos luego de una charla que si bien fue ríspida, tampoco hacía preveer que podía derivar en violencia.
Estábamos sorprendidos, porque no creíamos que podían ser tan cerrados a nuestro pedido, que en definitiva les podía hasta servir para hacer campaña electoral. Y considerábamos obvio que más allá de cualquier bandería política, lo esencial de la lucha sindical es defender a los trabajadores contra los atropellos patronales: en este caso el despido injustificado y por motivos gremiales de un joven padre de familia. Pero no. Al día siguiente, mientras estábamos en asamblea midiendo que la ausencia del sindicato nos daba pocas fuerzas para luchar contra el despido, la conducción decidió aparecer. Fue de manera furtiva, con una camioneta desde la que arrojaron volantes firmados por la UTPBA : Decían que el sindicato era de “trabajadores de prensa – periodistas afiliados”, y “no de provocadores, partiduchos y patrones”. Me pareció increíble: tenía que ser fruto de un malentendido. Ahí fue que se me ocurrió una idea que claramente resultó inadecuada. Consideré que si me acercaba en soledad y pedía dialogar con uno de sus dirigentes, podía explicarle que no estábamos en contra de ellos, que sólo queríamos que no lo despidan a Wall.
He militado en política desde el secundario, y la verdad es que soy un tipo calmo, nunca me peleo por una discusión ideológica. A lo largo de mis distintos períodos como militante, dialogué respetuosamente con los sectores más diversos, siempre procurando encontrar puntos de acuerdo en la medida de lo posible. Desde su conformación en 2003, milito en el Frente Popular Darío Santillán, una organización política y social. En el plano gremial, participo del Colectivo de Trabajadores de Prensa. En esa época hacía trabajo barrial en la Villa 20 de Lugano, y estaba bastante acostumbrado a discusiones acaloradas e incluso a situaciones violentas, pero siempre manejables desde el diálogo. La única violencia que me había tocado recibir había sido durante el 20 de diciembre de 2001 o el 26 de junio de 2002 como testigo y como víctima el 26 de octubre de 2002, cuando cubriendo una represión fui baleado junto a un compañero de Indymedia Argentina por infantes de la PFA que nos dispararon con balas de goma en la puerta del comité nacional de la UCR. Todo este racconto para justificar por qué no consideré en ningún momento que en la sede de la calle Alsina de la UTPBA me podía llegar a pasar algo malo. Estaba equivocado.
Siendo aproximadamente las 17 o 18 del jueves 13 de septiembre, con el volante en la mano, me dirigí al sindicato, apenas a la vuelta de Perfil. Toqué timbre, me abrió el portero, que me conocía porque me había visto el día anterior. Había dos técnicos que tenían que arreglar el teléfono. El portero llamó por el conmutador y me dijo que no había nadie. Le dije que no había problema y le pregunté si podía esperar a que venga alguien. Me dijo que sí. Me senté en el sillón que estaba junto a la puerta. Un sillón con lugar para dos personas. Esperé un rato. Recuerdo que pensaba cómo decirles que nos ayuden, procurando ganarme la confianza de los dirigentes, que vean que sólo queríamos frenar un despido. En un momento bajó el Gustavo del día anterior. Me puse de pie para saludarlo y charlar con él. Estaba agresivo, más aún que el día anterior. Me increpó y me preguntó a qué había venido. Traté nuevamente de decirle que no tenía nada que ver la interna gremial con esto, que se trataba de luchar contra un despido. “¿Por qué nos hacen esto?”, le pregunté con el volante en la mano. No me amenazó ni me pidió que me vaya del local sindical, sino lo hubiera hecho sin dudarlo. Hasta ese momento, se limitó a discutirme de mala manera, pero sin amenazas ni advertencias de ningún tipo.
Nunca pensé que iba ser víctima de dos patoteros sindicales. De repente ingresó otra persona más por la puerta que iba a las escaleras, que comunicaban la recepción con el primer piso donde estaban las oficinas y aulas del sindicato. Sólo pude ver que tenía pelo negro, que era morrudo y tenía barba candado. Sin preguntar nada, me acomodó de una trompada que me tiró sobre el sillón. De ahí en más, entre los dos me descargaron una lluvia de piñas. Apenas atiné a tratar de protegerme con los brazos y acurrucarme sobre el sillón. En un momento escucho que me decían “tomátelas” y abrieron la puerta. Logré incorporarme y salí. Me siguieron pegando, trastabillé y caí nuevamente, esta vez sobre la vereda, donde todavía me golpeaban. Sucedió todo muy rápidamente. Ni bien me paré, crucé la calle hasta un edificio y me senté sobre la entrada, donde se me acercó un agente de la PFA que llamó una ambulancia del SAME y me preguntó que había pasado. Me caía sangre de la cabeza.
Llamé por teléfono a Patricio Erb, que junto con Mariano D`Andrea (los dos compañeros míos redactores de Perfil.com) fueron los primeros que me vieron en qué estado había quedado. Llamé a mi familia y le avisé que había pasado. Y llamé a mis compañeros del FPDS. Mientras me llevaron en ambulancia al hospital Argerich, donde me dieron tres puntos en el cráneo y me vendaron el ojo, se produjo una movilización espontánea en la sede de la UTPBA. Tal como me indicaron que tenía que hacer al entrar con una ambulancia del SAME a un hospital público, hice la denuncia en la comisaría segunda. Y luego de charlarlo con mis delegados de Perfil, decidí iniciar acciones legales.
Los golpes me produjeron la ruptura de la celdilla etmoidal en la parte izquierda lo que hizo que mi globo ocular se llenase de aire, hinchándose mi párpado de una manera horrible. Por unos días, los médicos dijeron que estaba comprometida la movilidad de mi ojo izquierdo. Finalmente, sané bien y lo único que me quedó es cierta paranoia a que me peguen de la nada, así de repente o por atrás.
Gracias a la generosidad desinteresada de mis abogados – Marta Nercellas y Mariano Fridman – pude contar con asesoría legal de primer nivel. Iniciamos acciones por lesiones leves (que podrían haber sido graves). Por la perseverancia de los abogados, se logró llegar a que aparezca uno de los responsables y que vayamos a juicio.
Desde el principio, nos motivó una preocupación ética y política. Que nunca más se produzcan estas agresiones. Primero, desde la UTPBA negaron conocer a algún Gustavo. Hicieron volantes acusándonos a mí y a Wall, que fue finalmente despedido, de ser provocadores. O sea que el entonces secretario general de la UTPBA , que fue reelegido en esos comicios, es el verdadero responsable de la agresión. Cuando fue llamado a declarar mintió. La sencilla búsqueda en Google de la palabra “Gustavo” + “UTPBA” nos permitió constatar que había varios con ese nombre vinculados al sindicato, incluso con relación de dependencia.
El fiscal ordenó un allanamiento para buscar rastros de mi sangre. Una perito científica recabó muestras de un líquido opaco que resultó ser mugre. Pero alcanzó para que la conducción del sindicato se asustara. Recuerdo las caras de Das Neves y Lidia Fagale (entonces secretaria de Derechos Humanos, ahora secretaria general) en el momento que la oficial recabó las muestras. Eso produjo que Gustavo Vargas se presentara espontáneamente en la Justicia. Dijo que fue un “mano a mano” conmigo. Y que fue en la vereda. Al segundo agresor nunca lo pudimos identificar. El sindicato siempre procuró la impunidad y nunca nadie de la conducción me pidió disculpas o demostró algún grado de arrepentimiento. Llegamos ahora a la instancia del juicio. El problema no es Vargas, el es apenas un ejecutor, un empleado de una política que beneficia a una camarilla que el escritor y periodista Osvaldo Bayer recientemente ha calificado como una “burocracia sindical” que no quiere abandonar sus cargos. De hecho, el lema que tienen es “ la UTPBA no se entrega”.
Daniel Das Neves y Lidia Fagale (el ex y la actual secretarios generales de la UTPBA ) son los verdaderos ideólogos y responsables políticos de abandonar a sus representados, en este caso los trabajadores de prensa de Perfil, tal como lo acaban de hacer en Crítica y como lo hicieron hace 10 años en Clarín, por mencionar algunos de los variados casos de defección por parte de la conducción. Son responsables del abandono sindical y de conspirar contra trabajadores. Yo los acuso de orquestar una campaña contra trabajadores que están luchando contra un despido, que incluyó volantes injuriosos y la agresión a trompadas que sufrí (no se si el patotero de la barba candado no tenía un anillo o una manopla que explique como me abrieron tres centímetros la cabeza). Son los responsables de haber protegido a los agresores y de que se haya perpetrado la agresión, que sin duda ordenaron, no contra mí, sino contra cualquiera que fuera a reclamarles algo. A uno de los patoteros lo mantienen oculto, sin que responda por sus acciones. A Vargas lo mantienen como empleado del sindicato en la zona de Avellaneda.
El tiempo pasó y ahora tenemos la chance de hablar sobre qué pasó entonces. No me interesa tanto por lo que me tocó pasar. Fueron los propios compañeros de Perfil, quienes en una asamblea realizada para repudiar el asesinato del joven militante del Partido Obrero Mariano Ferreyra, caído bajo las balas de las patotas sindicales, recordaron lo que pasó en la UTPBA y lo pusieron en perspectiva. Yo no corrí tanto riesgo, pero los casos se emparentan en algo: me atacaron por querer defender a un trabajador despedido, tal como estaba haciendo Ferreyra. Con macartismo inaudito, como si fuera un delito, me acusaron por ser presunto militante del Partido Obrero, aunque no lo fuera, para justificar la agresión. Ellos no usaron armas de fuego, pero si se mostraron dispuestos a agredir físicamente a quien le pidió solidaridad y mostraron el mismo odio contra “los zurdos”. No digo que la conducción de la UTPBA sea igual que la de la Unión Ferroviaria , pero su disposición a abandonar a su suerte a los que pelean por sus derechos y a atacar físicamente al que lucha contra los despidos, los asemeja.
Espero que todo esto sirva para que nunca más tengamos que sufrir de las patotas sindicales y que todos los trabajadores podamos organizarnos democráticamente sin que se ponga en riesgo nuestros empleos y nuestras vidas. El juicio tendrá lugar en el Tribunal Correccional Número 1, secretaria 52, que subroga el juez Raúl García, en Lavalle 1638.
Ahí estaremos junto las agrupaciones (Gremial, Naranja, Violeta y Colectivo de Trabajadores de Prensa), protestando una vez más contra la burocracia sindical y sus patotas. La memoria de Mariano Ferreyra estará más presente que nunca.
Tomás Eliaschev
Periodista
DNI 92.743.084
Teléfono 154 070 3968
8.11.10
Todo, de Spregelburd
Rafael Spregelburd hace tiempo se convirtió en un referente del teatro, un artista que logró construir un estilo personal con sello propio. Su obra Todo también lleva su marca de identidad, a pesar de haber sido escrita por encargo para el Festival Digging deep and getting dirty de Berlín con motivo de los veinte años de la Caída del Muro.
La nota completa en: Nuestros Actores
31.10.10
Volver a creer
Nunca milité en un partido concreto, pero siempre fui a las marchas y siempre estuve donde creía que había que estar. Estuve el 19 de diciembre de 2001 en la Plaza de Mayo, tosiendo por los gases lacrimógenos y corriendo con la masa de gente que se había cansado de que le hubieran vuelto a robar sus ilusiones de un país más justo. No voté a Kirchner en 2003, ni siquiera voté a Cristina en 2007. Soy de la generación que viene de la izquierda socialista, y que a pesar de apoyar muchas de las medidas del kirchnerismo y de emocionarse hasta las lágrimas aquel 24 de marzo de 2004 cuando el Presidente pidió perdón en nombre del Estado por los crímenes de la dictadura, se resistía a creerle. Había llegado de la mano del tipo que mandó a matar a dos luchadores en el Puente Pueyrredón, que se abrazaba con los gerentes de las empresas que nunca cumplieron con los derechos de los trabajadores, no podía creerle. Hasta que pasó lo que pasó hace dos años en la pelea mediática, atroz y esclarecedora por la 125. Era todo tan extremo y daba tanto asco escuchar a los que defendían sus privilegios que fue inevitable tomar postura y empezar a apoyar. Después vinieron la asignación universal por hijo y la estatización de las AFJP, ya no había vuelta atrás. Era escucharla firme diciendo las cosas que una siempre soñó que un presidente diga y era mujer, y es mujer. Y a pesar del dolor, sé que ella va a poder seguir construyendo un país que dejó de ser para pocos y que va a ser para todos.
*La foto es de mi amiga y gran fotógrafa Silvina von Lapcevic
29.10.10
Está vivo en el pueblo
"Néstor no se murió, está vivo en el pueblo". Así lo despidieron miles y miles de personas que gracias a él volvieron a creer en la política como el modo de cambiar la realidad, para hacerla más inclusiva, más igualitaria y más justa.
Una gran emoción sentir de cerca algo parecido a lo que vivieron quienes despidieron a Perón y a Evita. Desde los '70 que un líder político no generaba tanto amor en la gente.
Y la plaza llena, nos hizo llorar...
21.10.10
Mariano Ferreyra, compañero, amigo, hasta la victoria siempre
Marchamos este jueves a Plaza de Mayo 17hs .Juicio, castigo y cárcel a los responsables y cómplices del asesinato de Mariano Ferreyra.
Mariano se hizo compañero y amigo de nosotros, de la UJS y del PO, cuando todavía no había terminado el secundario. Su hermano lo había hecho unos meses antes. Desde entonces, fue siempre un orgullo estar a su lado, escucharlo y desarrollar con él nuestras inquietudes.
Lo conmovieron las grandes movilizaciones piqueteras y la rebelión popular de 2001. Desde el comienzo se destacó como dirigente en Avellaneda. Constructor de la UJS, combinó su actividad en el movimiento estudiantil con la participación en las principales luchas obreras y populares que conmovieron a su pago chico y al país.
Estuvo al frente en la lucha por la recuperación de Sasetru bajo gestión obrera. Impulsó el movimiento estudiantil, el centro de estudiantes en el Simón Bolívar de Sarandí, donde cursó la secundaria. La sede del CBC de Avellaneda lo tendrá para siempre en su historia como uno de sus principales organizadores, probablemente el principal. Por su gran autoridad política, sus compañeros de la UJS lo apodaban fraternalmente "el Jefe".
Militaba desde hacía unos meses junto a los ferroviarios. Participó, electo como delegado, de los tres últimos congresos del Partido Obrero.
Fue trabajador metalúrgico. Fanático de la música y el cine, incursionó en distintos proyectos musicales y estaba definiendo su ingreso a alguna de las escuelas artísticas de Avellaneda. Adoraba a sus hermanas y a su hermano mayor.
"Marianito", el benjamín de nuestros adultos de la zona sur, era concienzudo, parsimonioso, siempre ávido de formación política. Tenaz como pocos, cursó dos años del profesorado de Historia en el Instituto Nº 1, también en Avellaneda.
Nunca se achicó ante situaciones difíciles. Que se encontrara en la primera línea de lucha junto a los obreros no sorprende. Confesó en repetidas oportunidades su deseo de luchar durante toda su vida, una necesidad que había hecho con pasión. La juventud y la clase obrera han perdido a quien ya era gran cuadro político.
La lacra burocrática a la que combatió con energía, pasión e ideas cegó su vida cuando apenas contaba con 23 años. En nuestro recuerdo, en estas horas tremendas, se mezclan decenas de anécdotas políticas y personales, todas lozanas y divertidas, quizás el resultado, el mejor, de luchas compartidas.
Sus compañeros más cercanos lo recordamos por su gran compañerismo. Reconocía y defendía a ultranza el valor de cada uno de aquéllos que combatían codo a codo con él y compartían su lucha y sus ideales.
Marianito va a estar presente en cada día de nuestro futuro. Qué pena tener que decirte tan temprano, "hasta la victoria, siempre".
Jacyn, El Bé y los pibes de la UJS Avellaneda
Unión de Juventudes por el Socialismo - Partido Obrero
Presidencia FUBA - Presidencia CEFyL
semblanza de Mariano Ferreyra escrita por sus cumpas de militancia de Avellaneda