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19.6.10

Viajar

Cuando uno viaja hay algo interno que se modifica para siempre. No es pasar unos días en un lugar, volver y seguir con la vida. Los viajes duran para siempre. Como decía Hemingway en ese libo eterno que es Paris era una fiesta: “Te perseguirá vayas donde vayas”. Los sitios en los que estuvimos nos siguen, reaparecen, vuelven, están ahí para reacomodar el mundo con una nueva perspectiva. Europa sigue ahí: Madrid, Barcelona, Roma, Paris, Londres, Cuba sigue ahí, cada minuto, no puedo hacer que se vayan, no quiero hacer que se vayan. Sus gentes, sus aromas, sus calles, su lenguaje, sus negocios, el aire que se respira, la comida, la forma de ser y de estar, permanecen inalterables.
“El sentimiento fatal del paso monótono de los días es imposible”, dijo Kafka sobre los viajes en sus diarios. Jack Kerouac escribió en el que tal vez sea el texto de viajes fundamental del siglo XX: “La carretera es la vida, tenemos que ponernos en movimiento”.

La inmensidad de El Malecón en La Habana.

17.2.09

Javier Penélope Barcelona

Hay gente que se aburre con Woody Allen, yo la paso tan bien con su cine que ruego que el tiempo se detenga para que sus películas no terminen.
Vicky Cristina Barcelona no significará ningún cambio en su carrera, tal vez ni siquiera sea nombrada entre sus películas más logradas, pero tiene los mejores ingredientes del estilo del director de Manhattan. Los diálogos en español entre Javier Bardem y Penélope Cruz con el hermoso barrio gótico de Barcelona de fondo son inolvidables. Tal vez abuse un poco de los gestos almodovarianos, que estarían bien para otro director, pero no para alguien como él, con una identidad tan fuerte.
Acá una escena memorable:

3.12.08

Venecia sin ti

Aquello que más doloroso le resultaba, aquello que a veces le parecía absolutamente insoportable, era sin duda el pensamiento de que ya no volvería a Venecia, de que se despedía de ella para siempre. Porque después de haber comprobado por segunda vez que la ciudad era nociva para su salud, después, de haberse visto obligado por segunda vez a abandonarla de repente, tendría que considerarla como una residencia prohibida, insoportable. Insensato sería probar fortuna una vez más. (La muerte en Venecia, Thomas Mann)



Por momentos, la ciudad es como una enorme escenografía de alguna película de época, las pequeñas casas parecen sólo una fachada a punto de derrumbarse, las góndolas deambulan por los canales sin apuro, con extrema delicadeza como si corrieran el peligro de chocar con el decorado. Pero hay una magia en el aire indescriptible, una fuerza que atrae, como si estuviera fuera de este mundo. El escenario natural se completa con decenas de turistas recorriendo los campos, dándoles de comer a los montones de palomas que revolotean por la Plaza San Marcos y caminando por las callecitas diminutas y laberínticas, sin rumbo fijo porque no hay ningún lugar donde llegar. Inundada o no, hay algo en Venecia, indescriptible.

27.2.08

Bendita España de Azañas y Machados

Mis abuelos paternos nacieron en Damasco, eran sirio libaneses. Lo de Herrera es una mentira, mi verdadero apellido es Rahme. Mis tatarabuelos maternos eran italianos, pero los abuelos de mi abuela eran de España de Asturias, Fernández del Campo y Fernández del Río, y vinieron a la Argentina a fines del siglo XIX.
Por alguna razón, me siento mucho más española, que siria o italiana. Desprecio con toda el alma el genocidio que significó la colonización, pero no creo que los españoles de hoy, al menos la mayoría, tengan algo que ver con eso. Los españoles de hoy supieron construir una sociedad más o menos justa, con respeto y cultura superando décadas de franquismo, muerte y dictadura.
Tal vez por eso sigo tan de cerca las elecciones en España, porque recuerdo los española que me sentí cuando estuve en Madrid y Barcelona, y porque me llevé para siempre parte de su impronta. Por eso quiero que el 9 vuelva a ganar Zapatero, a pesar de todos sus defectos. Porque Rajoy da asco de sólo escucharlo, porque sería un retroceso para la España socialista que por fin está creciendo, esa que soñaron los miles de españoles que pelearon por la República y fueron acribillados sin piedad por Franco en la guerra civil.

En el debate, Rajoy repitió un libreto preparado sin soltura y sin mostrar ningún tipo de compromiso social. Zapatero al menos respondió con altura.

17.1.08

Ciudad Abierta


3.10.07

Mi viaje a Europa

Hace dos años estaba viajando a Europa. Ya pasaron dos años de los 27 días que pasé en ese otro mundo que soñé toda la vida. Hace dos años estaba en Madrid, fascinada, como en una película. Me sentía como un personaje de Almodóvar y como la Ana de Los amantes del círculo polar en la Plaza Mayor, tenía esa escena grabada y cuando estuve ahí, no lo podía creer. Esa fue la primera vez que lloré. Recuerdo aquella tarde por la Castellana. Madrid fue el primer lugar que dejé y el primer lugar al que me gustaría volver. Pensar que alguna gente me decía que no valía la pena porque se parecía a Buenos Aires, pero Madrid tiene un encanto único, inolvidable.


Después pasé a Barcelona y no hubo un día que no me haya perdido en el Barrio Gótico, me maravillaron los contrastes de la ciudad: calles oscuras y arte colorido, antigüedad y modernidad, vida nocturna y hiper actividad de día. En Florencia, recuerdo la agradable charla con una pareja de argentinos en la cola para entrar al Duomo y la desagradable discusión con el dueño de un hostel que me echó a calle a las 8 de la noche sin tener a dónde ir.


Lo que más me gustó de Venecia fueron los campos y las calles laberínticas, pero era todo tan turístico que parecía el montaje de alguna escenografía, todo parecía a punto de desaparecer.


En Roma caminé decenas de veces de ida y de vuelta la Avenida de los Foros Imperiales, un viaje en el tiempo fuera del tiempo. La realidad se pierde era como una nebulosa pero impresionaba más que un sueño. Y Paris, siempre tendremos Paris, pase lo que pase, me acompañará vaya a donde vaya todo el resto de mi vida. Tantas imágenes oníricas que recuerdo con tanta nitidez como si hubiera estado ayer. Recorrí cada rincón, conciente de que tal vez esa sería mi última oportunidad, y cuando me iba sentía una profunda tristeza al creer que tal vez nunca volvería. El último lugar fue Londres, un destino gris y fascinante. El cansancio no me impidió andar por atrás del Tamesis, bordeando el río. Hace dos años cumplí el sueño que soñé toda la vida, y ahora sueño con volver. A veces me pregunto por qué no me quedé, por qué no intento vivir allá y creo que es porque ya es tarde, ahora tengo cosas que perder acá.

19.5.07

Madrid en Buenos Aires

Muchos dicen que Buenos Aires se parece Madrid. Pero no es cierto, son dos ciudades que tienen parecidos, como cualquier urbe con otra. Las similitudes pasan por algunos edificios del mismo estilo, por algunas calles como Corrientes que se parece a la Gran Vía, y por la gente. Y hay algunas zonas, muy pocas, que con un poco de imaginación y con la ilusión de por un segundo volver a Madrid, se acercan más a la ciudad española. Pequeños reductos, un bar, un frente, un pasaje, como este que se llama Enrique Santos Discépolo, que lleva un nombre bien argentino, que queda en el medio del centro porteño, que tiene muchos locales abandonados y descuidados, pero por su forma circular, sus veredas a la altura de la calle, las mesas en la vereda, hace que
por un instante sienta que estoy de nuevo en Madrid.


Buenos Aires












Madrid