29.1.06

Marcas textuales

Beatriz Sarlo decía en sus clases de los sábados a la mañana en Filo, que un libro subrayado es como un diario íntimo. Agarrar un libro subrayado de cualquier biblioteca es como atravesar los secretos más íntimos de su dueño. Por eso cobra tanta importancia la cuestión de la propiedad, no se puede subrayar un libro prestado, ni de una biblioteca pública ni de un amigo. Se estaría dejando una marca demasiado personal y cambiaría el significado total del texto. Claro que si uno tiene un lado vouyerista, leer un libro subrayado puede convertirse en una obsesión.
Hay dos formas de subrayar un libro: con un objetivo académico o por puro placer. En el primero de los casos las marcas estarán orientadas a los temas destacados, o a la cuestión que se querrá tratar en una monografía. Dirá mucho de la persona que lo lee, pero desde un punto de vista más racional o intelectual. Si se lee por placer las frases marcadas o las acotaciones dirán mucho del sujeto desde un punto de vista más personal y sentimental. También están los que no subrayan libros porque lo consideran una profanación o algo así, pero ese respeto exagerado desaparece después de los 20 libros leídos. Además, no hay nada mejor que el diálogo entre el autor y el lector; y desde Aristóteles así lo asegura casi toda la teoría literaria: "El objetivo de la obra literaria es hacer que el lector deje de ser un consumidor y se convierta en productor del texto" (Roland Barthes, S/Z)

No hay comentarios.: