Pasaron 33 años, pero lo que dejó el Golpe está presente todos los días en las calles, en los diarios, en las injusticias cotidianas. La muerte, la sinrazón, la más profunda desigualdad, el fascismo egoísta no son cosas del pasado existen todavía hoy en esos mismos que dicen que es mejor olvidar. El Golpe se manifiesta en las frases lanzadas sin pensar por personajes influyentes con melenas rubias y cerebros vacíos, en las marchas por la seguridad de los bolsillos de la clase media, en la discriminación al que tiene menos, en el odio hacia el diferente, en la frivolidad sin crítica, en la indiferencia al hambre y la exclusión. En los políticos que dicen que no tienen ideología, en los que paran el país por intereses mezquinos, en una ley de radiodifusión que todavía muchos defienden. En los que con su panza llena prefieren creer que ser pobre se elige, que el desocupado es un vago y que los docentes no quieren trabajar.
Son pocos, muchas veces repudiados y otras ignorados, pero pasarán los años, y todos los 24 de marzo seguirán pidiendo incansables por la Memoria, la Verdad y la Justicia.
25.3.09
24 de marzo
20.3.08
Celebrar el horror
El Gobierno insiste en celebrar el 24 de Marzo. ¿Por qué celebrar el horror, el día más nefasto de nuestra historia moderna? Alguien el otro día me dijo que los feriados no son para festejar, y si recordamos casi ningún feriado rememora una fecha feliz. Todas muertes, genocidios, derrotas y errores. Celebramos muertes: la de Jesús, la de San Martín y la de Belgrano. Celebramos errores y derrotas como la invasión a las Malvinas o la muerte de trabajadores que peleaban por el derecho de una jornada de 8 horas. Y festejamos el genocidio de millones de aborígenes. Sólo hay dos fechas que de alguna forma celebran algo de dignidad: la Revolución de Mayo y la Independencia. Sólo dos fechas de reivindicación contra seis horrorosas, y ahora sumamos una más.
Algo querrá decir todo esto. Al menos, si quieren celebrar este día que cuenten la verdad y dejen de repetir el discurso que armaron por pura conveniencia. Como escribe Martín Caparrós hoy en Crítica:
“Si quieren recordarla en serio que cuenten para qué sirvió aquel golpe: para dar vuelta la estructura social y económica de la Argentina, para lo cual, antes que nada, necesitaban deshacer los sindicatos y organizaciones que se oponían, que defendían sesenta años de conquistas. Que cuenten que aquel golpe construyó esta Argentina: que recuerden que el golpe del 24 de marzo lo celebran –con sus prebendas, con su impunidad, con sus extremos beneficios– todos los días los ricos argentinos”.