16.11.10

Empieza el juicio contra la UTPBA

Esto lo escribió mi ex compañero Tomás Eliaschev, un día antes de que empiece el juicio contra la Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires (UTPBA) por haberlo agredido hace tres años. ¡El apoyo total a Tomás y que se haga Justicia!

Este miércoles 17 de noviembre a las 9 comienza el juicio contra Gustavo Vargas, uno de los dos patoteros de la Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires (UTPBA), que me atacó por pedirles que nos acompañen en la lucha contra un despido. Desde entonces, me he preguntado una y mil veces como pudo pasarme una cosa así. Fui a pedirles que nos ayuden a evitar un despido y terminaron rompiéndome la cabeza entre dos matones, así de la nada, sin que mediase ni siquiera un “andate porque te vamos a cagar a trompadas”. Ni siquiera pude cubrirme la cabeza y ni atine a devolver una piña. No lo cuento con orgullo. Pero fue tan repentina y brutal la andanada de piñas y patadas que me dieron que apenas pude salir del local del sindicato cuando me abrieron la puerta y terminé en la vereda. La violencia contra trabajadores sólo se explica cuando un sindicato ya no los representa, o sea que es un sindicato de empresarios. Y eso es lo que pasa con la UTPBA , más allá de sus discursos. De Clarín a Crítica, han dejado un tendal de traiciones: esto lo sabe cualquiera que haya estado en las luchas de prensa de los últimos años. Directamente repudian a los trabajadores de prensa o por lo menos a los que intentamos participar en nuestros lugares de laburo en todos los reclamos colectivos para tener una vida más digna. Rememorar los hechos puede ayudar a entender de qué estamos hablando. De antemano, pido perdón por la extensión, pero siento la necesidad de ser puntilloso en el relato.

En marzo del 2007, en la editorial Perfil, cuyo edificio está ubicado en la calle Chacabuco entre Moreno y Alsina, una importante cantidad de trabajadores de prensa protagonizamos un reclamo salarial que duró un mes y medio, con paro y asambleas cotidianas. En ese entonces, me desempeñaba como redactor del sitio Perfil.com. Durante la huelga, fuimos uno de los sectores que más se plegaba a las medidas, inclusive elaborando posturas colectivas y coordinando con el departamento de arte. Los jefes no se habían sumado. Pero uno de ellos, Alejandro Wall, que estaba de licencia por el nacimiento de su hijo Camilo, decidió adherirse al paro ni bien se reincorporó a la rutina laboral. En una emotiva asamblea, evocó a la ya fallecida delegada despedida de Clarín, Ana Alé, quien siendo jefa participaba activamente de las medidas gremiales. A mano alzada, votamos tomar las instalaciones si había alguna sanción contra Wall. A principio de abril, ni bien terminó el paro y conseguimos una recomposición salarial, la empresa quiso deshacerse de él. Rápidamente volvimos al paro, el ministerio de Trabajo convocó a una audiencia y dictó un laudo protegiendo a nuestro compañero de cualquier represalia por motivos gremiales.

Durante el conflicto, desde la UTPBA habían tenido una tímida presencia, a través de la personas del entonces secretario gremial Jorge Muracciole, que hablaba en las asambleas, acompañaba las gestiones ministeriales permitiendo la legalidad de las negociaciones y no más que eso. El sindicato no aportaba demasiado más apoyo que el de la presencia de uno de sus dirigentes. Con Muracciole, en dos oportunidades, un puñado de los más jóvenes que estábamos participando activamente del reclamo nos reunimos en un aula de primer piso de la sede que el sindicato tenía a la vuelta de Perfil, sobre la calle Alsina 779. Fue para hacer un boletín, “Nuestro Perfil”, en el que se difundió nuestras reivindicaciones y el conflicto de La Nación. En otra ocasión, junto con Muracciole y dos compañeros de Perfil salimos por la noche a pegar unos carteles por las inmediaciones de la editorial. Es cierto que eran pequeños, pero los imprimió el sindicato. Ese fue su pequeño (testimonial) aporte al gran movimiento que hicimos y que incluyó aplausos, batucadas, carteles, marchas, actividades con delegados de otros medios, y todo el ruido que se pudo hacer para que paguen salarios justos. Y siempre con un gran ejercicio de la democracia en nuestro propio lugar de trabajo, en forma pacífica y respetuosa a los compañeros que no se adherían a las medidas de lucha, ya sea por temor a los despidos o por no compartir la metodología del reclamo.

Pasaron los meses. Y el sindicato se acercó a sus elecciones. Uno de nuestros delegados, Rubén Schofrin, militante de la Lista Naranja y del Partido Obrero, se postuló como secretario general por un frente de oposición. La dirección – la Celeste y Blanca – proscribió a la lista y el diferendo se trasladó a la cartera laboral, donde finalmente se aceptó el planteo de la oposición y no el intento fraudulento de la conducción.

El martes 11 de septiembre, la empresa decide despedir a Wall. Nosotros estábamos en el turno mañana. Entrábamos a las 7. Ese día, cuando llegó a trabajar, el personal de seguridad le dijo que estaba despedido y no lo dejó atravesar los molinetes. A la hora, los cuatro redactores que estábamos nos declaramos en asamblea y llamamos a los delegados. Al mediodía se hizo asamblea. Pero ya no éramos tantos con antes. De los ciento y pico que éramos en las asambleas de marzo, muchos se habían ido de la empresa, otros fueron promovidos a jefes y a otros les hicieron promesas con tal de que no vayan a las asambleas. De todas maneras, con los 50 que éramos, se decretó el paro y se dio aviso al ministerio. Como el nombre de Wall estaba en el laudo de abril, se consiguió una audiencia para el día siguiente, el miércoles 12. Como estaba la cuestión electoral, el otro delegado de Perfil, Marcelo Iglesias, fue quien llamó a Muracciole. No tuvo éxito. También llamó al sindicato para que lo avisen si lo veían. Sin embargo, no hubo caso, el secretario gremial estaba inhallable. La audiencia no se pudo realizar ante la ausencia de la UTPBA.

Desesperado, Wall habla con un conocido suyo vinculado al sindicato, que le dice que está quedando preso del conflicto entre la Celeste y Blanca y la Naranja , que vaya a hablar a la sede de Alsina y les pida ayuda. Eso fue a eso de las 19 o 20 horas. Acompañé a Wall al sindicato, con la misión de contenerlo. Ahí nos atendió un muchacho que dijo llamarse Gustavo. Ante nuestro reclamo de que nos ayuden, nos preguntó si éramos del Partido Obrero, si estábamos afiliados y por qué pensábamos que la UTPBA iba a ayudar a los trabajadores de Perfil. Le dijimos que no, que no éramos del PO. Qué queríamos afiliarnos y participar pero no habíamos tenido oportunidad. Y que creíamos que el sindicato debía defender a los trabajadores. No hubo caso, nos retiramos luego de una charla que si bien fue ríspida, tampoco hacía preveer que podía derivar en violencia.

Estábamos sorprendidos, porque no creíamos que podían ser tan cerrados a nuestro pedido, que en definitiva les podía hasta servir para hacer campaña electoral. Y considerábamos obvio que más allá de cualquier bandería política, lo esencial de la lucha sindical es defender a los trabajadores contra los atropellos patronales: en este caso el despido injustificado y por motivos gremiales de un joven padre de familia. Pero no. Al día siguiente, mientras estábamos en asamblea midiendo que la ausencia del sindicato nos daba pocas fuerzas para luchar contra el despido, la conducción decidió aparecer. Fue de manera furtiva, con una camioneta desde la que arrojaron volantes firmados por la UTPBA : Decían que el sindicato era de “trabajadores de prensa – periodistas afiliados”, y “no de provocadores, partiduchos y patrones”. Me pareció increíble: tenía que ser fruto de un malentendido. Ahí fue que se me ocurrió una idea que claramente resultó inadecuada. Consideré que si me acercaba en soledad y pedía dialogar con uno de sus dirigentes, podía explicarle que no estábamos en contra de ellos, que sólo queríamos que no lo despidan a Wall.

He militado en política desde el secundario, y la verdad es que soy un tipo calmo, nunca me peleo por una discusión ideológica. A lo largo de mis distintos períodos como militante, dialogué respetuosamente con los sectores más diversos, siempre procurando encontrar puntos de acuerdo en la medida de lo posible. Desde su conformación en 2003, milito en el Frente Popular Darío Santillán, una organización política y social. En el plano gremial, participo del Colectivo de Trabajadores de Prensa. En esa época hacía trabajo barrial en la Villa 20 de Lugano, y estaba bastante acostumbrado a discusiones acaloradas e incluso a situaciones violentas, pero siempre manejables desde el diálogo. La única violencia que me había tocado recibir había sido durante el 20 de diciembre de 2001 o el 26 de junio de 2002 como testigo y como víctima el 26 de octubre de 2002, cuando cubriendo una represión fui baleado junto a un compañero de Indymedia Argentina por infantes de la PFA que nos dispararon con balas de goma en la puerta del comité nacional de la UCR. Todo este racconto para justificar por qué no consideré en ningún momento que en la sede de la calle Alsina de la UTPBA me podía llegar a pasar algo malo. Estaba equivocado.

Siendo aproximadamente las 17 o 18 del jueves 13 de septiembre, con el volante en la mano, me dirigí al sindicato, apenas a la vuelta de Perfil. Toqué timbre, me abrió el portero, que me conocía porque me había visto el día anterior. Había dos técnicos que tenían que arreglar el teléfono. El portero llamó por el conmutador y me dijo que no había nadie. Le dije que no había problema y le pregunté si podía esperar a que venga alguien. Me dijo que sí. Me senté en el sillón que estaba junto a la puerta. Un sillón con lugar para dos personas. Esperé un rato. Recuerdo que pensaba cómo decirles que nos ayuden, procurando ganarme la confianza de los dirigentes, que vean que sólo queríamos frenar un despido. En un momento bajó el Gustavo del día anterior. Me puse de pie para saludarlo y charlar con él. Estaba agresivo, más aún que el día anterior. Me increpó y me preguntó a qué había venido. Traté nuevamente de decirle que no tenía nada que ver la interna gremial con esto, que se trataba de luchar contra un despido. “¿Por qué nos hacen esto?”, le pregunté con el volante en la mano. No me amenazó ni me pidió que me vaya del local sindical, sino lo hubiera hecho sin dudarlo. Hasta ese momento, se limitó a discutirme de mala manera, pero sin amenazas ni advertencias de ningún tipo.

Nunca pensé que iba ser víctima de dos patoteros sindicales. De repente ingresó otra persona más por la puerta que iba a las escaleras, que comunicaban la recepción con el primer piso donde estaban las oficinas y aulas del sindicato. Sólo pude ver que tenía pelo negro, que era morrudo y tenía barba candado. Sin preguntar nada, me acomodó de una trompada que me tiró sobre el sillón. De ahí en más, entre los dos me descargaron una lluvia de piñas. Apenas atiné a tratar de protegerme con los brazos y acurrucarme sobre el sillón. En un momento escucho que me decían “tomátelas” y abrieron la puerta. Logré incorporarme y salí. Me siguieron pegando, trastabillé y caí nuevamente, esta vez sobre la vereda, donde todavía me golpeaban. Sucedió todo muy rápidamente. Ni bien me paré, crucé la calle hasta un edificio y me senté sobre la entrada, donde se me acercó un agente de la PFA que llamó una ambulancia del SAME y me preguntó que había pasado. Me caía sangre de la cabeza.

Llamé por teléfono a Patricio Erb, que junto con Mariano D`Andrea (los dos compañeros míos redactores de Perfil.com) fueron los primeros que me vieron en qué estado había quedado. Llamé a mi familia y le avisé que había pasado. Y llamé a mis compañeros del FPDS. Mientras me llevaron en ambulancia al hospital Argerich, donde me dieron tres puntos en el cráneo y me vendaron el ojo, se produjo una movilización espontánea en la sede de la UTPBA. Tal como me indicaron que tenía que hacer al entrar con una ambulancia del SAME a un hospital público, hice la denuncia en la comisaría segunda. Y luego de charlarlo con mis delegados de Perfil, decidí iniciar acciones legales.

Los golpes me produjeron la ruptura de la celdilla etmoidal en la parte izquierda lo que hizo que mi globo ocular se llenase de aire, hinchándose mi párpado de una manera horrible. Por unos días, los médicos dijeron que estaba comprometida la movilidad de mi ojo izquierdo. Finalmente, sané bien y lo único que me quedó es cierta paranoia a que me peguen de la nada, así de repente o por atrás.

Gracias a la generosidad desinteresada de mis abogados – Marta Nercellas y Mariano Fridman – pude contar con asesoría legal de primer nivel. Iniciamos acciones por lesiones leves (que podrían haber sido graves). Por la perseverancia de los abogados, se logró llegar a que aparezca uno de los responsables y que vayamos a juicio.

Desde el principio, nos motivó una preocupación ética y política. Que nunca más se produzcan estas agresiones. Primero, desde la UTPBA negaron conocer a algún Gustavo. Hicieron volantes acusándonos a mí y a Wall, que fue finalmente despedido, de ser provocadores. O sea que el entonces secretario general de la UTPBA , que fue reelegido en esos comicios, es el verdadero responsable de la agresión. Cuando fue llamado a declarar mintió. La sencilla búsqueda en Google de la palabra “Gustavo” + “UTPBA” nos permitió constatar que había varios con ese nombre vinculados al sindicato, incluso con relación de dependencia.

El fiscal ordenó un allanamiento para buscar rastros de mi sangre. Una perito científica recabó muestras de un líquido opaco que resultó ser mugre. Pero alcanzó para que la conducción del sindicato se asustara. Recuerdo las caras de Das Neves y Lidia Fagale (entonces secretaria de Derechos Humanos, ahora secretaria general) en el momento que la oficial recabó las muestras. Eso produjo que Gustavo Vargas se presentara espontáneamente en la Justicia. Dijo que fue un “mano a mano” conmigo. Y que fue en la vereda. Al segundo agresor nunca lo pudimos identificar. El sindicato siempre procuró la impunidad y nunca nadie de la conducción me pidió disculpas o demostró algún grado de arrepentimiento. Llegamos ahora a la instancia del juicio. El problema no es Vargas, el es apenas un ejecutor, un empleado de una política que beneficia a una camarilla que el escritor y periodista Osvaldo Bayer recientemente ha calificado como una “burocracia sindical” que no quiere abandonar sus cargos. De hecho, el lema que tienen es “ la UTPBA no se entrega”.

Daniel Das Neves y Lidia Fagale (el ex y la actual secretarios generales de la UTPBA ) son los verdaderos ideólogos y responsables políticos de abandonar a sus representados, en este caso los trabajadores de prensa de Perfil, tal como lo acaban de hacer en Crítica y como lo hicieron hace 10 años en Clarín, por mencionar algunos de los variados casos de defección por parte de la conducción. Son responsables del abandono sindical y de conspirar contra trabajadores. Yo los acuso de orquestar una campaña contra trabajadores que están luchando contra un despido, que incluyó volantes injuriosos y la agresión a trompadas que sufrí (no se si el patotero de la barba candado no tenía un anillo o una manopla que explique como me abrieron tres centímetros la cabeza). Son los responsables de haber protegido a los agresores y de que se haya perpetrado la agresión, que sin duda ordenaron, no contra mí, sino contra cualquiera que fuera a reclamarles algo. A uno de los patoteros lo mantienen oculto, sin que responda por sus acciones. A Vargas lo mantienen como empleado del sindicato en la zona de Avellaneda.

El tiempo pasó y ahora tenemos la chance de hablar sobre qué pasó entonces. No me interesa tanto por lo que me tocó pasar. Fueron los propios compañeros de Perfil, quienes en una asamblea realizada para repudiar el asesinato del joven militante del Partido Obrero Mariano Ferreyra, caído bajo las balas de las patotas sindicales, recordaron lo que pasó en la UTPBA y lo pusieron en perspectiva. Yo no corrí tanto riesgo, pero los casos se emparentan en algo: me atacaron por querer defender a un trabajador despedido, tal como estaba haciendo Ferreyra. Con macartismo inaudito, como si fuera un delito, me acusaron por ser presunto militante del Partido Obrero, aunque no lo fuera, para justificar la agresión. Ellos no usaron armas de fuego, pero si se mostraron dispuestos a agredir físicamente a quien le pidió solidaridad y mostraron el mismo odio contra “los zurdos”. No digo que la conducción de la UTPBA sea igual que la de la Unión Ferroviaria , pero su disposición a abandonar a su suerte a los que pelean por sus derechos y a atacar físicamente al que lucha contra los despidos, los asemeja.

Espero que todo esto sirva para que nunca más tengamos que sufrir de las patotas sindicales y que todos los trabajadores podamos organizarnos democráticamente sin que se ponga en riesgo nuestros empleos y nuestras vidas. El juicio tendrá lugar en el Tribunal Correccional Número 1, secretaria 52, que subroga el juez Raúl García, en Lavalle 1638.

Ahí estaremos junto las agrupaciones (Gremial, Naranja, Violeta y Colectivo de Trabajadores de Prensa), protestando una vez más contra la burocracia sindical y sus patotas. La memoria de Mariano Ferreyra estará más presente que nunca.

Tomás Eliaschev
Periodista
DNI 92.743.084
Teléfono 154 070 3968

8.11.10

Todo, de Spregelburd

Rafael Spregelburd hace tiempo se convirtió en un referente del teatro, un artista que logró construir un estilo personal con sello propio. Su obra Todo también lleva su marca de identidad, a pesar de haber sido escrita por encargo para el Festival Digging deep and getting dirty de Berlín con motivo de los veinte años de la Caída del Muro.

La nota completa en: Nuestros Actores

31.10.10

Volver a creer

Nunca milité en un partido concreto, pero siempre fui a las marchas y siempre estuve donde creía que había que estar. Estuve el 19 de diciembre de 2001 en la Plaza de Mayo, tosiendo por los gases lacrimógenos y corriendo con la masa de gente que se había cansado de que le hubieran vuelto a robar sus ilusiones de un país más justo. No voté a Kirchner en 2003, ni siquiera voté a Cristina en 2007. Soy de la generación que viene de la izquierda socialista, y que a pesar de apoyar muchas de las medidas del kirchnerismo y de emocionarse hasta las lágrimas aquel 24 de marzo de 2004 cuando el Presidente pidió perdón en nombre del Estado por los crímenes de la dictadura, se resistía a creerle. Había llegado de la mano del tipo que mandó a matar a dos luchadores en el Puente Pueyrredón, que se abrazaba con los gerentes de las empresas que nunca cumplieron con los derechos de los trabajadores, no podía creerle. Hasta que pasó lo que pasó hace dos años en la pelea mediática, atroz y esclarecedora por la 125. Era todo tan extremo y daba tanto asco escuchar a los que defendían sus privilegios que fue inevitable tomar postura y empezar a apoyar. Después vinieron la asignación universal por hijo y la estatización de las AFJP, ya no había vuelta atrás. Era escucharla firme diciendo las cosas que una siempre soñó que un presidente diga y era mujer, y es mujer. Y a pesar del dolor, sé que ella va a poder seguir construyendo un país que dejó de ser para pocos y que va a ser para todos.


*La foto es de mi amiga y gran fotógrafa Silvina von Lapcevic

29.10.10

Está vivo en el pueblo

"Néstor no se murió, está vivo en el pueblo". Así lo despidieron miles y miles de personas que gracias a él volvieron a creer en la política como el modo de cambiar la realidad, para hacerla más inclusiva, más igualitaria y más justa.
Una gran emoción sentir de cerca algo parecido a lo que vivieron quienes despidieron a Perón y a Evita. Desde los '70 que un líder político no generaba tanto amor en la gente.

Y la plaza llena, nos hizo llorar...

21.10.10

Marcha por Mariano Ferreyra



¡JUSTICIA!

Mariano Ferreyra, compañero, amigo, hasta la victoria siempre

Marchamos este jueves a Plaza de Mayo 17hs .Juicio, castigo y cárcel a los responsables y cómplices del asesinato de Mariano Ferreyra.

Mariano se hizo compañero y amigo de nosotros, de la UJS y del PO, cuando todavía no había terminado el secundario. Su hermano lo había hecho unos meses antes. Desde entonces, fue siempre un orgullo estar a su lado, escucharlo y desarrollar con él nuestras inquietudes.

Lo conmovieron las grandes movilizaciones piqueteras y la rebelión popular de 2001. Desde el comienzo se destacó como dirigente en Avellaneda. Constructor de la UJS, combinó su actividad en el movimiento estudiantil con la participación en las principales luchas obreras y populares que conmovieron a su pago chico y al país.

Estuvo al frente en la lucha por la recuperación de Sasetru bajo gestión obrera. Impulsó el movimiento estudiantil, el centro de estudiantes en el Simón Bolívar de Sarandí, donde cursó la secundaria. La sede del CBC de Avellaneda lo tendrá para siempre en su historia como uno de sus principales organizadores, probablemente el principal. Por su gran autoridad política, sus compañeros de la UJS lo apodaban fraternalmente "el Jefe".

Militaba desde hacía unos meses junto a los ferroviarios. Participó, electo como delegado, de los tres últimos congresos del Partido Obrero.

Fue trabajador metalúrgico. Fanático de la música y el cine, incursionó en distintos proyectos musicales y estaba definiendo su ingreso a alguna de las escuelas artísticas de Avellaneda. Adoraba a sus hermanas y a su hermano mayor.

"Marianito", el benjamín de nuestros adultos de la zona sur, era concienzudo, parsimonioso, siempre ávido de formación política. Tenaz como pocos, cursó dos años del profesorado de Historia en el Instituto Nº 1, también en Avellaneda.

Nunca se achicó ante situaciones difíciles. Que se encontrara en la primera línea de lucha junto a los obreros no sorprende. Confesó en repetidas oportunidades su deseo de luchar durante toda su vida, una necesidad que había hecho con pasión. La juventud y la clase obrera han perdido a quien ya era gran cuadro político.

La lacra burocrática a la que combatió con energía, pasión e ideas cegó su vida cuando apenas contaba con 23 años. En nuestro recuerdo, en estas horas tremendas, se mezclan decenas de anécdotas políticas y personales, todas lozanas y divertidas, quizás el resultado, el mejor, de luchas compartidas.

Sus compañeros más cercanos lo recordamos por su gran compañerismo. Reconocía y defendía a ultranza el valor de cada uno de aquéllos que combatían codo a codo con él y compartían su lucha y sus ideales.

Marianito va a estar presente en cada día de nuestro futuro. Qué pena tener que decirte tan temprano, "hasta la victoria, siempre".

Jacyn, El Bé y los pibes de la UJS Avellaneda

Unión de Juventudes por el Socialismo - Partido Obrero

Presidencia FUBA - Presidencia CEFyL

semblanza de Mariano Ferreyra escrita por sus cumpas de militancia de Avellaneda

20.10.10

El fenómeno Stand up

Un comediante solo sobre el escenario, un público joven que busca sentirse identificado, un teatro o un bar, una noche cualquiera y la risa que empieza, pero que no tiene fin. Estos son algunos de los ingredientes que conforman los espectáculos de stand up, que se expanden por la cartelera porteña. “La característica principal de este género es que el público no puede parar de reírse. Somos los neuróticos de la risa”, señala Pablo Fábregas, integrante de la obra De a 1.

La nota completa hoy en Tiempo Argentino

2.10.10

Sin retorno

Sin retorno es una película sobre la injusticia, sobre cómo los errores de un sistema inhumano pueden destruir la vida de un individuo común.
Se trata de tres historias que se cruzan a partir de un hecho fundamental para los destinos de los protagonistas: un accidente de autos, con un conductor que huye sin dejar rastro dejando a la víctima muerta en el asfalto. Una historia que puede leerse todos los días en la sección policiales de los diarios, pero entrelazada con dosis justas de melodrama.

La opera prima de Miguel Cohan tiene la ventaja de la simpleza, pero el vicio del lugar común.

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25.9.10

El reino del revés

“Me dijeron que en el reino del revés nadie baila con los pies, que un ladrón es vigilante y otro es juez y que dos y dos son tres”.

El Rati Horror Show es una película de denuncia, un documental que da escalofríos, un manifiesto sobre la injusticia y la mentira institucional. Imprescindible para entender cómo funciona en particular la policía de la comisaría 34, y en general la inseguridad en la Argentina. Un film que toma posición y se compromete, algo que se ve sólo en documentales que están por fuera del circuito comercial. Piñeyro tiene la ventaja de haberse hecho conocido por sus denuncias contra el sistema aéreo y su figura sale en la televisión. El director aparece como un personaje didáctico explicando con detalles, con los elementos que están en la causa, cómo Fernando Carrera fue una víctima de una causa armada por la policía. Le metieron ocho balazos, pero quedó vivo para contarlo. Gracias a la complicidad de la justicia, la policía pudo mandar a Carrera a la cárcel por 30 años. El Rati Horror Show es un ejemplo de cómo hacer cine político. Y ojalá también sirva para que Carrera salga de la cárcel y vayan presos los culpables.

9.9.10

El Baile de la Victoria

Llevar al cine una obra literaria siempre es un desafío, porque las imágenes no son el punto de partida, sino el resultado del proceso de traducir lo que estaba sólo en palabras. A veces el cambio de registro deriva en un nuevo enfoque, otras en una copia fiel del texto y otras se queda a medio camino y no logra crear una historia que se sostenga desde la impronta cinematográfica. Eso es lo que parece pasarle a El baile de la Victoria, la nueva película de Fernando Trueba- director de Belle Epoque y La niña de tus ojos- basada en el texto de Antonio Skármeta, que ganó el Premio Planeta en 2003.

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2.9.10

De Palermo al Bajo Flores

Tiene menos de 24 años, tres hijas y vive en la villa del Bajo Flores. Todos los días viaja desde su casa al Alto Palermo para limpiar lo que ensucian quienes deambulan por el shopping buscando comprarse un tapado de mil pesos. Ella gana 2.000 al mes por trabajar ocho horas y está orgullosa. “Lo hago por mis hijas”, dice, “por ellas hago todo”, agrega mientras espera el 26 en Lavalle y Callao a la 1 y media de la mañana. Yo venía del cine y de comer pizza con una amiga, ella venía de tomarse un colectivo que la dejó ahí para tomarse otro que la lleve a su casa, dice que así es menos peligroso.
Me pregunta a qué me dedico, le digo que soy periodista. “Ah, esos que atienden los teléfonos”, dice. No sé cómo contradecirla, y le contesto que sí, algo parecido. Me cuenta que hace un rato le robaron a una chica en la esquina y que vino la policía. Dice que tiene miedo, pero que nunca le pasó nada. También me cuenta que sueña con irse del Bajo Flores, que ahí no se puede vivir en paz, por sus hijas.
Antes de subir al colectivo, me pregunta por qué no mando un currículum al Alto Palermo, afirma que le pagan bien y que seguro es mejor que atender teléfonos todo el día. La vuelvo a mirar, tan sencilla pero tan segura. No sé si su trabajo es mejor, pero seguro tiene la dignidad que en el mío muchos perdieron… hace rato.

22.8.10

Contra la violencia de género

Marianela murió golpeada y asfixiada, Fátima tiene el 80% del cuerpo quemado. En ambos casos las sospechas apuntan a sus ex novios, que están acusados de haber golpeado y maltratado a sus parejas. Nadie se indignó por ellas, no hubo campañas multitudinarias en facebook, ni masivos comentarios en twitter, la vida siguió como si nada, mientras cientos de historias similares se multiplican y permanecen silenciadas.
La falta de conciencia social sobre este tema es triste y alarmante, pero comprensible porque se trata de un eslabón más para permitir que la muerte y el maltrato sigan siendo parte de la vida cotidiana de tantas mujeres. Muchos medios masivos no hablan de violencia de género, sino de crimen pasional. Confundir, voluntariamente o no, violencia con pasión es por lo menos cómplice de una situación que no va a modificarse hasta que no haya políticas públicas efectivas que apunten a impulsar la igualdad y terminar con el machismo. La raíz de la violencia de género no está en la locura individual, sino en una sociedad patriarcal que acepta una diferencia que en realidad no existe y se vuelve criminal.

“Nuestra cultura es machista, dice que el hombre es libre y fuerte, que tiene que ser exitoso y poseer. La mujer cae en esa volteada y pasa a pertenecerle, a ser parte de su cúmulo de objetos. Y el terrorismo sexual es un delito que la gente considera de índole privada, por eso cuando a Lucila Yaconis la estaban violando, el asesino le dijo a alguien que pidió explicaciones por los gritos ‘es mi novia’ y nadie hizo nada”, dice Raquel Disenfeld, coordinadora de la organización Mujeres Libres y ex coordinadora de los talleres de noviazgos violentos de Mujeres al Oeste, en una nota de Las 12, con un análisis impecable sobre la violencia machista.

19.8.10

La mirada invisible

Sin vacilación, sin apartar los ojos, sin mostrar la sensibilidad agazapada, María Teresa quiere imponer su mirada invisible, pero se olvida que detrás de ella, alguien más está mirándolo todo. La nueva película de Diego Lerman, el director de la recordada Tan de Repente y de Mientras Tanto, basada en la novela Ciencias Morales de Martín Kohan, teje un juego de símbolos para dar cuenta de la dualidad entre una forma de ser represora y reprimida que oprime a la única protagonista, una preceptora del Colegio Nacional Buenos Aires durante los días previos a la guerra de Malvinas.

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18.8.10

Vincere

Vincere es esa clase de película que al referirse a un momento determinado de la historia y a un personaje en particular habla del sentido mismo de la vida y de la humanidad toda. El film de Marco Belocchio atraviesa momentos de reflexión, de ternura, de violencia, de profundo amor al relatar la vida de una mujer que entregó su vida a un hombre que la traicionó, como traicionó a su historia, a su pueblo y a sus más profundos ideales. Vincere es un melodrama, porque se detiene en las emociones pero nunca pasa el límite de lo sensiblero, es un film universal que va de lo particular a lo absoluto. Y es un film impregnado de extrema belleza, de imágenes mudas que dicen mucho más que discursos enteros, como esa escena en la que Ida Dalser se trepa a la reja del manicomio donde la encerraron y desparrama sus cartas en un acto de desesperación, mientras afuera la nieve cae, la vida pasa y la injusticia teje sus redes de locura y dolor.
Vincere es la historia terrible de la amante de Benito Mussolini, silenciada durante años y salida a luz recién hace poco tiempo. Su historia es una metáfora descarnada de la relación de represión y poder del Duce con aquella Italia.
Vincere también es la maravillosa película que es gracias a la actriz de El último beso, Giovanna Mezzogiorno, que entrega una interpretación sólida e intensa.
Es esa clase de película que habla del amor y de la política como expresiones inseparables, porque tal vez por más lejanas que parezcan, son imposibles de disociar.
Como dato a rescatar, Vincere vendió en su primer fin de semana 16.178 localidades en apenas 12 salas.

1.8.10

Darle vida a los objetos

Los objetos, las casas y los muebles antiguos despiertan cierto tipo de fascinación. Además de su belleza estética, que sobresale porque viene a quebrar el paradigma de lo habitual, lo antiguo mantiene un aire de vitalidad contenida, como si las historias de las personas que utilizaron esos objetos antiguos, que habitaron las casas o dispusieron de los muebles, sobrevivieran a través de ellos. Son como una carrera contra el tiempo, porque dan cuenta de una época que ya no existe. Tienen algo mágico, un hechizo magnético ineludible.
Hay algo de humanidad imaginaria en los objetos antiguos, algo como lo que materializó en sus cuentos el gran escritor uruguayo Felisberto Hernández. Tal vez él como nadie le dio vida a los objetos.

Al mejor estilo Alma Singer, el blog de la querida, y ahora ex compañera de trabajo, Vero Mariani, este post es para hablar de dos amigas que se dedican a encontrar, recuperar y modernizar muebles antiguos. Muebles que mantienen el encanto, pero que el tiempo deterioró. Hay algo de simbólico y épico en querer mantener lo antiguo dándole aires de modernidad.

Viejos son los trapos, es el nombre del emprendimiento de Carolina y Victoria, que hacen cosas como esta silla que, como en los cuentos de Felisberto, tiene vida propia.

De una banqueta como esta


Hacen esto


Y de estas sillas

Logran esto



También tienen mesas de luz, repisas, percheros y todo tipo de muebles. Venden y reciben muebles para reciclar.

El blog de Viejos son los trapos: http://www.viejossonlostraposdeco.blogspot.com/
Y el mail: viejossonlostraposdeco@gmail.com