1.5.06

Día del Trabajador

EL NAUFRAGIO
Estar Desocupado

Por Ariel Schettini


Estar desocupado, amigos,
no es vacaciones, sino una suma de tareas inventadas

Que los empleados diagnostican: maníaco-depresivas.
Un universo de acciones vuelto adicciones,
porque el tiempo es una Cinta de Moebius
y no hay actividad que no se torne un vicio recurrente.
Regar el jardín, comer, fumar, beber, leer, mirar TV,
caminar inconsciente por la calle, todo es gasto inútil,
y nada invierte.

Es descubrir espantado que los zapatos se gastaron
por el roce contra el piso.
Es encontrar en el pasado un cúmulo de errores
cristalizados en la vocación equivocada.

Estar desocupado, amigos,
es cumplir en el gimnasio una rutina carcelaria
y pensar cada máquina como un instrumento de salud y de tortura.

Es descubrir que tu cuerpo no es una catedral ni un templo
sino una colección de reliquias conservadas,
exvotos repartidos y entrenados.
Fragmentos sometidos a una crítica minúscula
y a un patrón de belleza
deportiva.
Es el terror de las cartas-documento.
Y la culpa y la ejecución y el delito al mismo tiempo.

Estar desocupado, amigos,
es ver en cada amigo al juez enviado del Estado
que tasa el bienestar, lo mide y lo comparte.
Una constelación de intereses que reúne a las personas.
Es ser en la familia el objeto indirecto de limosnas
y ver en esa hospitalidad una forma del desprecio.
Es rogar no tener hambre ni sed ni un accidente.
Y haber comido sano y sentirse descompuesto.
Es descubrir que el teléfono sólo comunicaba
un cargo, posición y una nobleza.
Es estar obligado a decir que no, para preservar la dignidad.
Es pedir por una religión que venga o
un atentado para que el mundo deje de observarte.

Estar desocupado
es lo opuesto al amor. Es un odio canceroso y subjetivo.

Es buscaminas, carta blanca, corazones, solitario.
Es el temor introspectivo a la locura, a que ninguna palabra adquiera peso
ni densidad ni fuerza ni sentido.
Es el deseo destructivo de que algo llegue al fin,
de que internet se termine en algún lado.
Es proponerse utopías en Madrid o en Miami
donde podré, libremente, perderme para siempre.
Es una duración venenosa y una atrofia.
Es sobre todo saber, por fin, amigos, lo que es
tener las manos duras.

Publicado en el Nº 3 de la revista Pisar el Césped

Todavía hay 1,9 millón de personas desocupadas en el país.
El 22% de la población activa tiene problemas de empleo.

1 comentario:

Solveig dijo...

Hola! Me gustó mucho el poema, sobre todo me gustaría que lo leyesen los que sostienen como verdad generalizable que en este país no trabaja el que no quiere. Claro, que usarán el término trabajo como una categoría amplia y pondrán ahí cualquier salario y condición, basta que nos les toque a ellos realizarlo. Gracias por el poema!